Una dieta equilibrada proporciona las vitaminas necesarias para un desarrollo saludable, por lo que desde el punto de vista médico no es preciso recurrir ni a los alimentos reforzados ni a los suplementos vitamínicos.

Los suplementos vitamínicos son preparados que se suelen utilizar cuando se prevé una carencia de vitaminas; bien porque se siga una alimentación inadecuada o por cualquier motivo que aumente las necesidades del organismo.

Los suplementos más comunes son los multivitamínicos, los más conocidos debido a la publicidad. De hecho, este tipo de complementos se encuentran entre los medicamentos más vendidos del mundo siendo ya parte de los botiquines en muchos hogares

Curiosamente, los mayores consumidores de suplementos vitamínicos somos los jóvenes y las personas con un nivel socioeconómico alto. Es decir, normalmente los que bien por edad y salud o por llevar una dieta equilibrada, menos lo necesitamos.

Suplementos vitamínicos recomendados

Históricamente la vitamina C, por ejemplo, es la gran aliada de los resfriados en la cultura popular, sin embargo, es un mito ya que ni ayuda a prevenirlos, ni se muestra eficaz para combatirlos. Sólo es eficaz contra la falta de esta vitamina

De hecho, de forma generalizada y comprobada, tan solo un aporte suplementario está recomendado: el de la B9 durante el embarazo, que contiene ácido fólico. En este caso, ayuda a la maduración del sistema nervioso del feto y su carencia puede provocar espina bífida, que es un defecto serio de crecimiento del tubo neural. El resto de recomendaciones se limitan a casos en que haya carencias de alguna vitamina que este evidenciado a bien a través de una analítica o a una exploración especifica.

Antioxidantes

Existen mucha información sobre las bondades antioxidantes de los complejos vitamínicos para prevenir enfermedades cardiovasculares y algún tipo de cáncer, pero la realidad es que no existe evidencia científica. Donde sí hay unanimidad dentro de la comunidad científica es en recomendar cinco raciones de frutas y verduras al día, ya que de por sí contienen las vitaminas antioxidantes y otras sustancias que las potencian.

Dosis y contraindicaciones

Además, si bien es cierto que resultan útiles en determinadas circunstancias, no son tan inocuos como la gente cree. Por ello, en caso de necesitar un suplemento, es importante consultar a un especialista que determine cuál es la vitamina faltante y que recete la cantidad justa necesaria para no cometer el error de pasar de la carencia al exceso. El estudio principal es un chequeo sanguíneo para ver qué componentes orgánicos están alterados en ocasiones apoyado en una exploración física que delate posibles déficits vitamínicos.

Respecto a las contraindicaciones, se diferencian en función de dos tipos de vitaminas. Las hidrosolubles, como la C y las del grupo B, que se disuelven en agua y el exceso se elimina por la orina; motivo por el que no suelen dar problema de acumulaciones aunque las tomemos en exceso y las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) que puede acumularse en el tejido adiposo y en el hígado convirtiéndose en sustancias toxicas cuando están en cantidades excesivas pudiendo provocar serios problemas de salud.

Por este motivo, este tipo de sustancias se deben reservar para las personas que muestran carencias nutricionales evidentes o un situación específica como embarazadas, ancianos que viven solos, personas con patologías digestivas y problemas de absorción, enfermos oncológicos o personas que siguen una dieta estricta hipocalórica.

Pautas generales para tomar suplementos vitamínicos

En resumen, como recomendación general es importante no utilizar vitaminas como un sustituto de una dieta saludable y obtenerlas mediante una dieta equilibrada consistente en 5 comidas diarias en las que no falten la misma cantidad de raciones de fruta y verdura.

También es importante tener en cuenta que en muchos casos, el exceso vitamínico no es inocuo y puede tener sus contraindicaciones.

En caso de que realmente sea necesario tomarlos, debemos respetar la dosis establecida y seguir las directrices de nuestro médico.

En definitiva, la principal pauta es muy simple: borrar de nuestra mente esa creencia que unas vitaminas nos ayudaran a estar más sanos y sustituirla por una buena alimentación y hábitos saludables

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