Es cada día más habitual buscar en internet información sobre salud. Lo hace, de hecho, nada menos que un 60,5% de los españoles, siendo las búsquedas que más abundan las que tienen que ver con estilos de vida saludables (54,2%); enfermedades (52,1%); sus síntomas (50,9%) o sus remedios (47%). Lo que, a priori, no resulta tan normal es hacer esas búsquedas de manera obsesiva en un intento de reafirmar que los síntomas que se tienen, o más bien se creen tener, se deben necesariamente a una enfermedad grave. Se calcula, no obstante, que entre un 3% y un 5% de la población internauta está afectada por este nuevo fenómeno que ha venido a denominarse cibercondría, o, lo que es lo mismo, la hipocondría digital.

El término cibercondría alude, así, a ciertos patrones patológicos de conducta según los cuales una persona, de manera infundada o basándose en síntomas banales o irracionales, cree tras haber consultado en Internet que tiene una o varias dolencias graves.

Tan antigua como el ser humano

La hipocondría es probablemente tan antigua como el ser humano y aunque esta manera de afrontar la enfermedad, real o imaginaria, comienza a gestarse desde la infancia, el perfil habitual de los afectados es el de personas de entre 30 y 50 años, sin un claro predominio de sexo, que generalmente cuentan ya de base con una personalidad obsesiva, tienen un temor irracional a la muerte y son propensas a sospechar todo tipo de patologías o a autodiagnosticarse de manera compulsiva ante el menor síntoma. Síntoma que, por otra parte, acaba siempre apareciendo porque la monitorización de sensaciones a la que se someten es continua, algo que provoca no solo mucha ansiedad y sufrimiento sino también numerosas visitas a las consultas para hacerse chequeos y pruebas médicas a menudo innecesarias.

El mayor peligro reside, no obstante, en que cuando el médico no identifica nada en esas pruebas, el paciente piensa que éste se equivoca y recurre o bien a la automedicación o a métodos alternativos menos ortodoxos en la convicción de que un dolor de cabeza esconde, por ejemplo, un tumor o una tos un poco resistente un cáncer de pulmón.

Cómo hacer frente a la cibercondría

Para encarar la situación a la que nos conduce la cibercondría, lo primero es tomar conciencia de los trastornos y molestias que nos ocasiona:

  • enumerar las visitas que se realizan al médico,
  • ser conscientes de la cantidad de estudios y pruebas a los que nos hemos visto sometidos
  • analizar la evolución de los síntomas consultados preguntándonos si se han materializado o no en forma de una enfermedad real.

Hay que tener, por otra parte, voluntad de romper el círculo vicioso de este pensamiento obsesivo intentando fijar la atención en otras cosas, tomar nota de lo que nos hace sentir bien al final de cada día, de las emociones positivas que vivimos y evitar en lo posible seguir alimentando nuestros temores consultando una y otra vez en internet lo que creemos padecer hasta encontrar la respuesta que más nos angustie.

Cibercondria, cuando internet alimenta al enfermo imaginarioMás allá de los casos extremos relacionados con la cibercondría, debemos ser conscientes de que, aunque es positivo y beneficioso que exista un fácil acceso a la información sanitaria para conocer mejor un problema de salud previamente diagnosticado por un médico, internet no es una fuente de diagnósticos ni de tratamientos y que en ninguna circunstancia puede sustituir la opinión de un profesional.

Es fundamental, además, tener en cuenta la gran proliferación de todo tipo de páginas, no siempre aconsejables, que inundan el ecosistema digital y saber que solo deben merecernos crédito las opiniones que proceden de expertos con suficiente bagaje y reconocimiento profesional.

En definitiva, información sanitaria en internet sí, pero fiable y especializada.

Cibercondría, cuando internet alimenta al enfermo imaginario
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