¿Alguna vez has sentido una ligera presión al respirar, sensación de ahogo, incluso dolor en el pecho? ¿Quién no ha pasado una o varias noches de insomnio o se ha sentido agobiado, sobrepasado o abrumado por su entorno? Pues, bienvenido/a al club ya que lo más probable es que seas un ansioso/a más. Pero, que no cunda el pánico porque los síntomas de ansiedad son controlables.

En una sociedad cambiante, con ritmos de trabajo frenéticos y responsabilidades cada vez mayores la ansiedad ha llegado a convertirse en la epidemia de nuestro siglo. Para los expertos este trastorno es, sobre todo, una señal de alerta de nuestro sistema nervioso ante la presencia de un peligro. El problema es cuando este peligro no es real sino que parte de nuestro interior. Es decir, nadie nos va a atacar pero nos sentimos acechados. El resultado es que nuestro organismo pone en marcha un mecanismo de defensa ante el ataque que interfiere en nuestra vida. Básicamente, se disparan los circuitos reguladores del ánimo y aparecen los síntomas de ansiedad, que pueden llevarnos a un ataque de ansiedad o angustia. De alguna manera un ataque de ansiedad es un ataque de miedo.

¿Cuántos y quiénes sufrimos síntomas de ansiedad?

Se calcula que el 25% de las personas experimentará en algún momento de su vida un trastorno de ansiedad. De entre los grupos de riesgo somos los jóvenes a partir de los veinte años y menores de 35 y las mujeres los más proclives a padecerlos.

De hecho es curioso que la ansiedad es poco común en personas mayores, probablemente porque a lo largo de la vida han aprendido a lidiar con la incertidumbre y han desarrollado estrategias de resolución de conflictos más asertivas.

El problema es que este estado físico y emocional asociado principalmente a la juventud no es un buen compañero y quien padece síntomas de ansiedad de manera acusada y/o prolongada en el tiempo puede desarrollar otro tipo de trastornos y sintomatologías de carácter más o menos grave. De hecho, en muchas ocasiones estos síntomas conducen al paciente a recorrer numerosos médicos y especialistas hasta que se detecta el problema al descartar otras patologías cardíacas, pulmonares o tiroideas. Por eso, es importante conocer cómo y por qué se manifiesta para aprender a manejarla.

¿Cuáles son los síntomas de ansiedad?

Los síntomas de ansiedad son más o menos identificables (nerviosismo, inquietud, insomnio, sensación de ahogo…) pero existen otros como dolores musculares, molestias gastrointestinales repetitivas, mareos, dolor de cabeza frecuente, tics, palpitaciones, sudoración, aceleración del ritmo cardíaco, que pueden ser síntomas latentes de este trastorno.

La ansiedad también puede manifestarse con una sensación de preocupación de carácter difuso o de irritabilidad y mal humor frecuente e injustificado. De hecho, si hay algo inespecífico que te irrita es probable que ese “enfado continuo” solo esté escondiendo tu ansiedad.

Controla los síntomas de ansiedad con un estilo de vida saludable

Aunque sea complicado hay que tratar de evitar el exceso de actividad y preocupaciones, así como procurar un descanso adecuado con un mínimo de 7-8 horas a poder ser ininterrumpidas y en un entorno de calidad. El tipo de colchón y el grado de ventilación de la habitación son factores a tener en cuenta para procurar un sueño verdaderamente reparador.

El deporte y el ejercicio preferentemente al aire libre practicado de forma regular y adaptado a tu edad y condiciones físicas es un gran aliado tanto para prevenir la ansiedad como para paliarla.

Cuida lo que comes para que la ansiedad no te coma

Entre los hábitos que es necesario erradicar y que influyen desfavorablemente a la hora de controlar los síntomas de ansiedad, están el abuso del consumo de café y bebidas que contengan cafeína o teína en dosis altas, también algunas sustancias broncodilatadoras pueden producir sensaciones similares, lo mismo que el alcohol y las drogas psicoestimulantes (cocaína, anfetaminas).

Por el contrario, la alimentación rica en fruta y verdura acompañada de una buena hidratación (mínimo 6 vasos de agua diarios) es otro de los hábitos saludables a incorporar en una dieta antiestress.

Ansiedad y relaciones sociales

Hay estudios que ponen de manifiesto que la ansiedad genera más respuestas egoístas que el mal humor o incluso que el orgullo. La ansiedad genera una gran incertidumbre y, cuando nuestras bases se tambalean y nos sentimos inseguros, tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos como respuesta de autodefensa, por lo que seremos mucho menos empáticos.

La falta de concentración que este estado produce influye además, en nuestra capacidad a la hora de interpretar el lenguaje no verbal de nuestros interlocutores, lo que puede generar falta de entendimiento y empatía, un punto esencial en todo tipo de relaciones sociales especialmente las de amistad y de pareja.

¿Por qué sufrimos ansiedad?

Los motivos por los que podemos llegar a desembocar en un cuadro de ansiedad son diversos y no tienen por qué coincidir entre las personas ni ser únicamente achacables la el ritmo vertiginosos de nuestras sociedad.

En la mayoría de los casos, sí, los producen las exigencias sociales actuales, los excesos de responsabilidad o la presión en el nivel de rendimiento laboral propia de nuestro entorno pero también puede originarse por sucesos extraordinarios como perdidas afectivas, separaciones y enfermedades que en un determinado momento o edad en que nos faltan recursos emocionales para gestionarlos podemos vivir de un modo traumático.

Busca ayuda profesional si es necesario

Una cuestión a tener en cuenta es ser consciente que cuando todo esto falla, existen profesionales que pueden ayudarnos. Los tratamientos más eficaces son los que combinan el abordaje psicológico con estrategias de afrontamiento, asociadas a técnicas de relajación así como el uso de fármacos que inhiben la recaptación de serotonina y que regulan las crisis.

En general, estos cuadros son tratados por el médico de cabecera y sólo cuando existe una evolución satisfactoria o complicaciones son derivados al psiquiatra.

Síntomas de ansiedad: ¡tú puedes controlarlos!
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